Veritas, Diosa Romana de la Verdad<

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La mitología romana sostiene que la hija de Saturno, y la madre de la Virtud, era una que se llamaba Veritas, la diosa de la verdad. Según relatos míticos, ella era por naturaleza esquiva. No en un sentido trivial, sino en todos los sentidos imaginables. Se decía que se escondía en el fondo de un pozo sagrado donde no se la podía encontrar sin un gasto considerable de tiempo y propósito para aquellos empeñados en descubrir su paradero y carácter. Esta caricatura de la evasiva de la verdad no carece de mérito.

La humanidad siempre ha tenido en alta estima el concepto de verdad y veracidad. No es de extrañar que el sustantivo latino, Veritas, se use solo como el lema no solo de la Universidad de Harvard, sino también de la Universidad Drake, la Universidad Bilkent, el prestigioso Colegio independiente de Escocia Fettes College, la Orden Dominicana de la Iglesia Católica Romana y el Colegio Providence administrado por los Dominicanos. Otras salas de enseñanza superior y perspicacia teológica combinan Veritas con otras: Lux et Veritas (Luz y Verdad), Vox Veritas Vitas (Decir la Verdad como una forma de Vida), Veritas Curat (Curas de Verdad) y Veritas et Utilitas (Verdad y Servicio). En cada uno de ellos es Veritas el que da el significado crucial, del que los demás son meras doncellas.

Los griegos no estaban menos enamorados del concepto, aunque la palabra no era para ellos Veritas, sino Αλεθεια, Alethia. El gran filósofo Aristóteles definió Αλεθεια en este sentido: «decir de lo que es, y de lo que no lo es, que no es, es verdadero.»Ahora ve cómo se construye Αλεθεια: el prefijo α-significa negación; el sufijo-λεθεια alude a» lo que está oculto u olvidado.»Así, Αλεθεια significa lo oculto, lo recordado, lo desvelado, y estos están destinados a ser aplicados en el sentido subjetivo. Es decir, la cualidad denotada por esta construcción lingüística no reside en el objeto analizado, sino en el observador. La verdad para la mente griega era un asunto de percepción, no del objeto, sino del que ve.

La tentación de indagar en la forma en que Αλεθεια y sus cognados fueron utilizados antiguamente por Aristóteles, Homero, Platón, Epicteto y otros es poderosa. Si nuestro objetivo fuera traducir un pasaje de la escritura, podríamos no tener elección. Afortunadamente, nuestro propósito es menos ambicioso. Admitimos que la verdad es como la caracterizaban los romanos: tener la naturaleza de un cerdo engrasado fácilmente espiado, imposible de comprender. Reconocemos que Herodes, al preguntar «¿Qué es la verdad?»no estaba mostrando una ignorancia burda, sino traicionando una comprensión de profundo significado.

Aristóteles tenía razón. Y, sin embargo, no lo era. Por su fórmula presumida podemos ver lo que es y lo que no es, con visión perfecta, cuando la experiencia enseña que no podemos. Sólo podemos adivinar. Y a veces nuestras conjeturas son buenas, pero otras veces son abismalmente malas.

Los teólogos están en desventaja por su necesidad de especular más allá sobre la moral y la ética, temas que no son susceptibles a simples observaciones y experimentos, pero que el eclesiástico necesita comprender para salvar el alma del hombre.

El científico evita estas desventajas al perseguir verdades científicas en términos de fenómenos verificables que pueden reproducirse fielmente en el laboratorio y en el campo. La ciencia se limita así, para salvar su alma.

Es en este último contexto que definimos Veritas en la Sociedad Megatherium. Cuando, a mediados del siglo XIX, William Stimpson declaró que él y su compañero Megatheria no buscaban más que la verdad, lo dijo en este sentido, y solo en ese sentido. Hoy nos hacemos eco de sus palabras y, como miembros de la Sociedad Megatherium, nos ceñimos a esa misma carga.

jc

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