Evaluación y medición de la Resiliencia☆

Los conceptos de resiliencia toman dos formas amplias: (1) resiliencia dura: la fortaleza directa de estructuras o instituciones cuando se las somete a presión, como aumentar la resiliencia de una estructura a través de medidas específicas de fortalecimiento para reducir su probabilidad de colapso. b) resiliencia blanda: la capacidad de los sistemas para absorber y recuperarse de los efectos de los acontecimientos perturbadores sin cambios fundamentales en la función o la estructura, que dependen de la flexibilidad y la capacidad de adaptación del sistema en su conjunto, en lugar de simplemente fortalecer las estructuras o instituciones en relación con tensiones específicas, como en el enfoque de resiliencia dura. Sin embargo, hay tres posibilidades en respuesta a las amenazas de perturbación: a) Resistencia y mantenimiento, que se caracteriza por la resistencia al cambio. Un sistema humano de este tipo haría todo lo posible para evitar el cambio y típicamente negaría que existe un problema. b) Cambios marginales, caracterizados por el reconocimiento del problema, el examen de las consecuencias y, cabe esperar, un claro reconocimiento de que el sistema actual no es sostenible y de que es necesario el cambio. c) Apertura y adaptabilidad, un enfoque que reduce la vulnerabilidad al tener un alto grado de flexibilidad. Su característica clave es la preparación para adoptar nuevos supuestos operativos básicos y estructuras institucionales. Una vez identificadas las opciones de resiliencia para hacer frente a la vulnerabilidad de un sistema, es necesario comparar el grado de resiliencia que pueden ofrecer las diferentes alternativas. Se examinan los diferentes conceptos para proponer tanto una cuantificación cualitativa como una posible cuantificación del grado de resiliencia que pueden alcanzar las diferentes medidas propuestas para su aplicación.

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